Crónicas de Francoland: La plantación de marihuana.


Estaba cantado que un día u otro tenía que pasar. La Guardia Civil llamó a la puerta, (alguien les dio el chivatazo sobre la plantación de marihuana en la terraza cubierta de la casa)
-Esto es una redada, o abren la puerta o la echamos abajo, el olor apesta, es insoportable…
abuela porro
De repente abrieron la puerta, un señor con una vestimenta al más puro estilo Torrente (El facha de España)… Una música de fondo sonaba en el interior de la casa, el qué Viva España del Manolo Escobar (el Escobar de aquí, no el narco, es que como la cosa va de drogas, lo digo para no confundir). Tranquilamente y sin inmutarse el propietario les enseñó el camino hacia la terraza, una escalera con toda la pared llena de fotos de Franco, del Rey, del Papa (el de Roma) e incluso del Valle de los Caídos y la Virgen del Pilar. Por fin llegaron al lugar de los hechos (menuda plantación).
La sorpresa fue mayúscula al ver a la abuela fumándose un canuto o porro, (hay que ver lo cachondo que se puso el porro al ver a la porra del Guardia Civil) sentada en su silla con su vestido negro y con un lazo amarillo que le había regalado una vecina suya. Al ver el canuto, perdón, al ver el lazo amarillo la Benemérita no tardó ni un segundo y se abalanzaron sobre ella (según los jueces sólo era un acoso sexual y no un intento de violación).

Total, después de tantos forcejeos y como ella no paraba de reírse, (lo que demostraba que la marihuana era de excelente calidad) los picoletos, que por cierto lo estaban grabando todo para un amigo juez al que le va el morbo, decidieron concluir su redada llevándose a la abuela a la cárcel (como no, quitándole el pasaporte por riesgo de fuga) y dejando en libertad al dueño de la plantación, el cual, como buen español, obsequió a las Fuerzas de Seguridad Nacional con un par de macetas y una botella de Soberano.
Cualquier parecido con la realidad es pura coincidencia, son cosas que sólo pasan en Francoland.

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